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jueves, 12 de marzo de 2015

Causa y efecto


Su vientre rozando el mío y una galaxia que estalla entre ambas.
Su beso apoyándose cuidadoso en mi cuello es el aleteo de una mariposa generando un huracán.
Causa y efecto.
Sus ojos reflejados en los míos y un mundo que quiero hacer mejor para ella.
Sus pestañas moviéndose y mi alma despeinándose entera. 
Causa y efecto.
Me ama y yo exploto de amor por ella. 

lunes, 26 de mayo de 2014

Siesta para no dormir

Una pareja. Ambas recostadas en una cama con una manta de color naranja. Las últimas luces de la tarde acarician la piel de sus torsos desnudos, entrelazados los brazos en una comunión íntima. No hay ni un solo ruido, los sonidos de la calle los amortiguan sus respiraciones pesadas, las dos muchachas dormitan.
Ambas llevan puestos pantalones de jean y las mismas zapatillas gastadas. Se mimetizan desde hace un tiempo, son una.
Dos pares de anteojos descansan en el piso corriendo riesgo de muerte en un paso mal calculado, pero ninguna quiere levantarse. Hace varias semanas esperan tenerse una a la otra en esa paz que el silencio del departamento les brinda. Se respiran mutuamente llenándose del perfume de la otra, guardándose esos momentos, absorbiendo el tiempo que gotea del reloj para esos días en que el mundo es demasiado duro, y las distancias demasiado grandes.
Se cuentan los lunares a caricias, a besos, se sacan con cuidado la escarcha del alma, intentando no romper ese pedacito que aún les queda sano, han ido por la vida cayendo demasiadas veces a la realidad. Se sostienen una a la otra, se acurrucan y suspiran, se besan y vuelven a suspirar.
Hechas un solo ovillo en esa cama de una sola plaza que las vio nacer y morir mil veces en una noche admiran todo lo que tienen cuando sólo se tienen una a la otra y sonríen sabiéndose eternas cada vez que sus vientres se rozan para crear otra galaxia.
El aire frío que entra por una hendija de la ventana no las toca, saben que el invierno se acerca porque lo sienten en los huesos como quien siente la presencia cercana de un buen amigo, y descansan envueltas en el calor de sus propias almas mientras la ciudad se oscurece para cobijarlas con su manto eterno.
Ambas deciden vestirse entre risas y tomar un té, una ancestral medicina que desde hace once meses y tres días obtuvo para ambas otro significado. Y entre el vapor y palabras susurradas el tiempo pasa sin que ninguna lo note, sin que ninguna lo desee.
Suena un celular y ambas saben lo que eso significa, el hechizo se termina en poco tiempo. A la tercer llamada se apaga y ellas se besan por vez número mil en el día. Ninguna es Cenicienta, ninguna oyó el reloj ni son las doce de la noche, pero el mundo real las espera al bajar las escaleras, y el frío por fin se siente, y se despiden prometiéndose el mundo y lo que hay más allá también; se prometen otra vez todo aquello, se prometen volver a casa, a esa casa que hay cuando la cabeza de una descansa tranquila en el pecho de la otra y nada malo las toca y nada triste existe y son solo ellas en el mundo por primera vez, y no contra él.
Una vez más planean jugar a Julieta y Julieta en las penumbras, pero con un final feliz.


                                             -{♥}-

Sabe que mi casa está es su hombro,
             en ese hueco perfecto de su cuello,
        donde su perfume se estanca y mis besos se pierden.

Sabe que sus sonrisa inmensa basta para sanarme por completo,
          que sus manos pequeñas curan todos los golpes que el mundo pueda darme,
 que su boca sabe a libertad.

Me presta unos besos llenos de juventud y promesas
   y me deja naufragar en su cintura
       mientras cuento los lunares de su espalda.



Mis zapatillas viejas y las suyas enredadas
     y una siesta para no dormir;
  para verla ser, para oirla respirar.
          Una siesta para volver a ella,
  para volver a casa.

sábado, 22 de marzo de 2014

Nueve

Hace nueve meses me caía mal la gente que caminaba por la calle de la mano, las personas que se besaban en público, los apodos raros entre parejas, aquellos que se quedaban en su casa con sus novios.
Me caían mal aquellos que se pasaban horas hablando por teléfono y que se extrañaban tan sólo a dos horas de haberse visto.
Hace nueve meses yo era un cactus, amaba serlo. Amaba no depender de la presencia de alguien para reír hasta que me dolieran las costillas. Amaba dormirme sin preguntarme por otra persona, amaba ser un yo singular. O al menos eso pensaba, era todo lo que tenía.
Hace nueve meses helaba y yo no estaba abrigada, y la música en el bar de siempre era perfecta y todo parecía haberse puesto de acuerdo.
Hace exactamente nueve meses y después de una larga discusión de casi tres horas la vi dejar su cama y recostarse a mi lado y sentí su cabeza en mi hombro y  me morí de amor. Y me apretó la mano con fuerza con unos dedos escarchados y temblorosos y me dio un beso en la mejilla.
Hace nueve meses junté el coraje que no tenía y aún con el miedo del rechazo haciéndome castañear los diente la besé, y entonces viví.
Y entonces supe por fin lo que era darle la mano a alguien y perder el miedo a todo, y supe lo que era saber que me enfrentaría a cualquier persona porque nuestro amor es mucho más fuerte que cualquier intención de mantenernos alejadas. Supe lo que era preguntarme a todo momento qué estará haciendo, imaginarme si estará sonriendo o si tendrá frío, si me extrañará...
Ahora sé lo que es despertarse cada mañana con el deseo de abrazarme a su cintura otro rato y respirar su perfume en mi propia piel; sé lo que es ser dos personas a la vez y pensar por las dos y acostumbrarme a sus movimientos y memorizarlos como propios. Sé lo que es armar una familia de cactus bonsai y pararme en el balcón mirando la nada sabiendo que en  segundos va a abrazarme por la cintura para besarme el hombro.
Definitivamente ahora sé que mi madre tenía razón cuando me dijo que valía la pena pelearla, que valía la pena soportar los dimes y diretes, y la gente en contra y que al fin y al cabo, si es difícil parar a una persona enamorada, parar a dos que se aman es imposible.
Ahora sé que tenía razón, porque soy yo la que adora tener diez minutos para quedarme en el sillón hecha un ovillo a su lado, soy yo la que adora hablar por dos o tres horas por teléfono y contarnos pavadas y soy yo la que le envía mensajes diciendo "te extraño" en cuanto se va de casa.
Si al fin y al cabo en nueve meses las espinas se me cayeron y me brotaron flores y el disfraz de cactus dejó de ser creíble y hoy tengo el coraje para decir que la amo, para seguir peleando por la dos, para seguir dándole la mano cuando tengo miedo y sentirme fuerte, para seguir siendo uno las dos. Juntas. Siempre.

Felices nueve meses, bella.
                                 Te amo.
                                                Gracias.

sábado, 15 de marzo de 2014

Quisiera

A veces necesito un idioma nuevo, uno que me garantice que voy a lograr calmar el maremoto de su alma chiquitita y salvaje. A veces quisiera poder hacerla ver lo hermosa que es, quisiera que por un momento estuviera en mi lugar y se viera riendo, o durmiendo, o protestando, o simplemente respirando.
Quisiera saber como protegerla de todo lo malo de este mundo... de mi misma incluso, de su propio juicio, de gente que sigue lastimándola.
Quisiera a veces, tener el poder de hacerla respirar tranquila, de hacerla sentir como ella me hace sentir. De darle la mano -como ella lo hace- y calmar el mundo.
Quisiera quitarle todos lo problemas, el peso del mundo que carga en lo hombros. Con gusto lo cambiaría por mi felicidad; no la necesito... si mi felicidad es ella.
A veces quisiera que en serio sintiera todo eso que siento cuando la veo venir hacia mi para darme un beso, o la alegría que me inunda cuando siento sus manos en mi cintura abrazándome porque si, y robándome besos que hacen que todo mi día tenga sentido.
Quisiera que supiera que sigo por ella, que ella es la razón por la que sigo peleándola en una ciudad que no es mía, con gente que no conozco y con otra que creía conocer; que sigo porque es la única manera de empezar a cumplir lo que planeamos juntas.
Hay noches como la de hoy,después de un día difícil como el de hoy, en que sólo quisiera poder refugiarme entre sus brazos y entregarle el alma otra vez.
Quisiera que se viera así de gigante y preciosa como yo la veo, así de perfecta como es. Así de necesaria como es, tan ella que asusta desbordando perfección por los poros, mientras me revoluciona el alma con esas pestañas eternas; mientras me causa escalofríos cada vez que me dice que me ama, como la primera vez.
A veces quisiera que supiera que para mi es eterna y perfecta, que se aceptara como toda esa galaxia de persona que es, enamorándome cada segundo un poco más, haciéndome entender de a poco que con ella no necesito ni caretas ni disfraces porque puedo ser yo misma, desnuda de cuerpo y alma, aferrada a su cintura y sintiendo en el alma como se mueve su pecho al respirar; sabiendo que no hay otra respiración que pueda calmarme, ni ninguna otra que quiera escuchar en mi vida, junto a la mía, contra mi nuca, sobre mi almohada... rebotando en mi sangre, en lo más profundo de mis huesos; ahí donde está mi esencia, donde vive ella desde siempre, donde la encontré cuando por fin pude verla después de tanto mirarla.

Tu perfume de viento me despeina el alma
y busco explicaciones que no existen....
es que simplemente te amo.
                  Y aunque pensé que no podía,
que no sabía, que no era para mí....
                                 me diste la mano y me apretaste contra tu esencia
           me diste un beso helado, me diste coraje,
   la oportunidad de amar, la certeza de saberme tuya.
           me diste fuerza, me das amor.

           Y en el roce perfecto
de tu vientre y el mío
              crecen galaxias lejanas, mágicas, divinas.
Y entre tu amor y el mío crecemos,
   soñamos...
                    somos uno.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Su cabeza en mi pecho y soy feliz
   sus manos y las mías, como dos pajaritos
que quieren volar por primera vez.

Me encanta sentirla durmiendo a mi lado, con su cabeza apoyada en mi hombro y sus dedos enredados en los míos; sus uñas prolijas y las mías llenas de mordiscos.
Me encanta que ocupe toda la cama y me deje el borde de un almohadón y apenas un poco de sábanas; que le agarre calor y nos destape a ambas.

Suena una cancioncita triste,
   canto como al pasar y sé que me mira.
y le cuento lo que no me animo a decirle.

Me resulta extraño como una persona puede hacer que mi alma deje de retorcerse e intentar salir a lagrimones salados por los ojos. Amo abrazarme a su cintura y apoyar mi cabeza en su pecho cuando todo lo que quiero es desaparecer del mundo y hacerme chiquita y llorar. Amo que me calmen sus latidos, y sentir que su pecho es una cajita musical que sólo yo puedo escuchar, mientras me abraza y dibuja círculos con sus dedos en mi espalda.

Me despierta el aroma a té
    su perfume en mi almohada, en las sábanas,
en mi piel,       en mi alma.
Me despiertan sus besos
       y sus pasos por el departamento.

Despertarme con su sonrisa mirándome me fascina y me da ganas de abrazarla y no soltarla jamás, porque la quiero en mi vida. La quiero sin poder distinguir casi entre su cepillo de dientes y el mio, la quiero quejándose de mis medias horribles e intentando dibujarme mientras estudio. La quiero gritando por la casa y haciendo bullicio y saltando para pegarme con los almohadones y riendo.

Quiero tener sus locuras en mi vida diaria
               y que me robe sonrisas
que no sabía que guardaba en mi interior.
                  Quiero que me deje hacerla feliz.

Me hace feliz que me robe el celular y me haga correrla por el edificio, y que me cebe mates amargos toda la noche. Me hace feliz bailar con ella en la terraza mientras me canta canciones en francés casi susurradas. Quiero todo eso en mi vida, y lo quiero para siempre. La quiero despertándome a la noche porque me muevo mucho, la quiero robándome la frazada y llenando todo de papeles de caramelos Alka de cereza. La quiero con sus manos frías en mis costillas. Conmigo. Hoy y siempre.


Me llenó la vida de colores,
             me quitó la tristeza, me dio ganas de reir.
Me acaricia el alma y me canta canciones de cuna;
                                         me cuida los sueños.
Me ayuda a cumplirlos.

sábado, 8 de febrero de 2014

Amo a una mujer que cree que tomar una taza de té juntas es sexy, y a la que le gusta creerme cuando digo que si nos abrazamos loo suficientemente fuerte, el tiempo se para y nunca llega la hora de volver a casa.
Amo a una mujer a la que le divierte hacerme enojar, que no la divierten las actrices que me gustan y que podría estar horas leyendo lo que escribo y sin importar lo terrible que sea va a decir que le encan
ta con una sonrisa.
La mujer que yo amo me pregunta si me casaría con ella prácticamente a diario, todas las veces le digo que si y la miro reírse un rato y hacer silencio luego mientras me dice que habla en serio.
Cada vez que duermo con la mujer que amo pregunta si su cuello en mi brazo no pesa, si no me aplasta, si no me hace mal; amo decirle que me hace bien y morderle las orejas.
La mujer que yo amo es una mujer que me da besos ruidosos en la frente y me hace cosquillas, y me pellizca los cachetes, y me despeina, y me muerde los brazos, y me llena el alma.
Amo a una mujer que escribe cartas y me hace esperar horas,días o meses para leerlas, y quiere mirarme mientras lo hago, y me resisto porque sus cartas siempre me hacen llorar.
Amo a una mujer que planea secuestrarme cada vez que estamos en una terminal de ómnibus y una de las dos se despide de la otra.
Amo a una mujer que me da besos en la nariz, en las mejillas y en el mentón; y en la espalda, y en las manos, en la cintura y en las orejas, y en las costillas, y en el ombligo, en los labios; amo a una mujer que me muerde mientras me besa y se ríe a carcajadas porque "besar es divertido".
Amo a una mujer que, como yo disfruta de las películas clásicas y de las más extrañas y siempre tiene otro ratito para acurrucarse y abrazarme con fuerza.
La mujer que amo me hace escuchar canciones hermosas y, cuando cree que no la oigo las canta bajito mientras se viste, o se peina y me hace pensar que soy demasiado afortunada por tenerla conmigo; me hace comprender que lo soy.
La mujer que yo amo, me hace feliz; me escribe que me ama en papelitos y en las piernas, y cose muñequitos de tela y les pone nombres raros y sonríe con la cabeza apoyada en mis piernas mientras le acaricio el pelo y las mejillas, y cierra los ojos porque está cansada de tanto volar, y se deja acariciar las alas; y yo muero de amor.
La mujer que yo amo es mi mejor amiga y la amo, y puedo estar horas contándole mi vida, escuchando la suya, inventando la nuestra...
Le gustan las nubes y le gusta mirarlas; a mi me gusta ella, y entonces la abrazo hasta que las nubes se vuelven estrellas y le digo al oído que la amo, y que me encanta amarla tanto, y le recito a Cortázar o a Neruda, y ella me dice algo en francés que no entiendo pero me encanta, y siento que no entra tanta felicidad en mi pecho, y entonces, para no estallar en mil pedazos de tanta alegría acumulada... escribo. Y la beso. Y respiro su perfume, ese que me lleva a casa.


                                                         -∞-

Y un día me desperté,
    y estaba entre mis brazos
mostrándome un amor casi irreal.

Y la apreté contra mi cuerpo
      y así vamos por la vida
conquistando nuevos mundos,
    amando otro poquito,
         cuidando de no estallar de tanto amor...
Floreciendo.

domingo, 26 de enero de 2014

La extraño. La amo.

Hoy la extraño, y es porque la amo. Porque la amo con todos sus mundos; la amo quieta y efervescente. La amo sin saber siquiera de qué está hecha. La amo y todavía no entiendo como mi pecho no explotó ante sus ojos negros, llenando de mariposas de sangre el lugar.
Amo despertarme antes que ella y mirarla dormir, observar su quietud y admirarla, acostumbrada al remolino que suele ser.
Amo sentirla respirar junto a mi, hacerla reir y sentir su piel rozando la mía, y oirla decir que nada más necesita si estamos así.
Amo decirle que no pienso soltarla y que me encantaría poder quedarme anclada a su cintura el resto del día mientras luchamos para levantarnos a almorzar a las cinco de la tarde, mientras me pide que no vuelva a ponerme la pijama y vuelve a quitarme las ganas de salir del cuarto a besos en la espalda.
Me encanta sentir sus manos pequeñas enredadas en mi pelo, en mi cuello, en mi alma... Y extraño su perfume, y extraño que cada vez que entro al cuarto una ráfaga de su esencia me inunda y extraño apoyar mi cabeza en ese hueco perfecto que forman su cuello y su hombro, en donde empiezan las constelaciones de sus lunares infinitos, que cuento con los dedos mientras ella se ríe y yo muero de amor.
La extraño, completa. La extraño como si hiciera meses no la tuviera conmigo y no comprendo como pude soportar aquellos meses en que nuestros mundos estaban en guerras.
La extraño con el cuerpo y el alma, y extraño que me apriete los cachetes, y que se burle de mi por ser menor, extraño que se enoje si le hago cosquillas e intente no hablarme por unos segundos. Extraño que se queje porque me encanta morderla y su piel blanca no soporta la brutalidad de mis besos.
La extraño. Quiero abrazarla por la cintura y mirar como todos viven mientras nosotras morimos de amor y nos prometemos los mundos que existen aquí, y los que están más allá, formando una familia entera de cactus bonsai con nombres extraños y muñecos cosidos a mano, mientras peleamos por nuestra música favorita y seguimos jugando a Julieta y Julieta en este mundo de locos.


                                                   -.-

Me llenó el cuerpo de mariposas
        y el alma de mostritos
Y todo lo que creí cierto
                cambió por completo con su llegada.

Creí en el amor
        y creí en ella.
Y creo en el amor
         y creo en nosotras.

-----------------------------
"¿Cómo van a caber tantos besos en una canción?"

miércoles, 8 de enero de 2014

Luna de miel y humo

La busqué en la oscuridad del cuarto; la luz de la luna apenas nos iluminaba y las promesas dejaban de ser deudas.
Encendí un cigarrillo y observé el brillo de todo lo que le prohibieron en los ojos. Se acercó. El cuerpo tibio y los ojos ardiendo, mostrándome otro poco de todo el universo que esconden.
El  humo llenaba el cuarto, me llenaba los pulmones, la boca, la sangre; tras unas pitadas me acerqué nuevamente a ella, la miré a los ojos, saboreé de antemano el beso que sabía venía a continuación, y con el sigilo que me da la ebriedad la besé interminablemente, terminando de soltar el dulce humo en su boca.
Nos besamos como si fuera la primera vez en todo el mundo que alguien se atrevía a besarse. Fue un beso con sabor a tabaco, a prohibido, a libertad y desobediencia.
Tras un par de caricias el cigarro terminó por consumirse entre ambas, dejándonos cubiertas de caricias por dar, llenándonos de dopamina el alma, mientras intentaba desarmarle a caricias la cintura y llevarla a volar conmigo.
Jamás la luna se vio tan hermosa como esa noche iluminándola en la penumbra y jamás me sentí más segura que en la oscuridad total y entre sus abrazos eternos.
Dormir tranquila es fácil si tengo quien me cuide el sueño.
Y entonces la luna murió de celos cuando cerré la ventana y ya no pudo acariciarla, y entonces morí de amor entre sus brazos, entre sus besos; y despertar fue renacer, fue revivir, fue verla dormida y saberla real, y saber que es conmigo y soy con ella.

Y si quisieras acompañarme
              huiríamos de este planeta;
     el mundo nos queda chico.

Basta con tu sonrisa
  y un abrazo eterno, nuestro.

Volemos, amor...
               yo invito los besos.

sábado, 31 de agosto de 2013

3.50 a.m

El calor que empieza asomarse de la mano de septiembre, al contrario de levantar mi autoestima, me enfría el alma.
Viernes por la noche, madrugada de sábado. Recuerdos de sábados anteriores y una mano que sostenía la mía durante el día y una respiración casi musical que me mantenía tranquila por las noches, rebotando contra mi almohada, contra mi alma.
Tengo la aguda necesidad de estar en otro lado, y no aquí. El deseo, el anhelo de girar en mi cama en medio de la noche y escuchar su voz preguntando si estoy bien, o encontrarme con sus ojos entreabiertos y su sonrisa soñolienta que me hace sentir culpable al despertarla.
Tengo un perfume que camina enredado a mi, que me persigue donde vaya y hace que busque entre el mar de gente el rostro de quien sé que no hallaré-.
Tengo sus recuerdos enamorados de mi insomnio que se siente histérico por mi cabeza, y así corren los tres persiguiéndose, quitándome horas de sueño, en donde podría soñarla, o soñarnos, tal vez. De alguna forma más fácil, más sencilla y simple, sin tantas idas y vueltas de gente entre ambas.
Tengo los días de este Septiembre contados, tengo contados los días para encontrarnos y reconocernos nuevamente.
Tengo contados los días que faltan para volver a casa, para volver.


                                                            ▼

Y los días sin usted, mademoiselle
               son más largos y las noches
se hacen eternamente eternas.

El volver a casa no es el mismo
                 sin sus manos frías en mis bolsillos
y mis pasos no son los mismos
     si no siguen a los suyos.

martes, 5 de marzo de 2013

Equivocaciones correctas

Caos. Besos. Olor a lluvia, a barro, a vino, a dulces. Humo azul y sonrisas de colores. Luces que me seguían el ritmo.
Un par de ojos desconocidos se me aparecieron en la penumbra y entonces no sé, si fue el alcohol o tu recuerdo el que me hizo perder la conciencia.
Entre la lluvia me sentí libre de mí misma y corrí en tu dirección una vez más, y me encontré a los gritos frente a tu puerta, llorándote las verdades que grita mi alma desde hace tiempo. Sé que me viste cariño, sé que me oíste, sé muy bien que entendiste lo que quise decir al decirte que tu sonrisa ocasionaba esta tormenta.
Ahora comprendo mucho menos que hace unos meses, y creo innecesarios esos modos de tratarme, tan cariñosos, tan inocentes. Como si no hubieras visto mi mirada entre la lluvia, como si mi corazón no hubiera roto el llanto de la noche.
No tengo nada más que decirte salvo que fue un honor morir entre tus brazos y volver a la vida.
Fue un honor haberte dicho mis verdades, y haber oído las tuyas, que aunque resulte increíble, se parecen bastante a mis sueños.
Quisiera tan sólo un tiempo más, pero no lo tenemos, simplemente hay que agachar la cabeza y seguir como si nada. Adiós.

                                          -♥-
El alcohol, la noche,
              los misterios, la lluvia,
tus besos, el viento...
       tus ojos, mi soledad.

No son buenas combinaciones,
              más el Universo no pregunta.
El ordenó, y obedecimos,
       y aunque fue una falta de respeto
y aunque se nos olvidó el decoro...
               El Universo es sabio,
Y simplemente a ambas nos gusta equivocarnos.

sábado, 16 de febrero de 2013

Amores de una noche y otras hierbas...

Encontré su mirada perdida entre la música. No lo esperaba. Me clavó sus ojos grandes sin disimulo alguno y rió.
Me sentí flotando en algún lado y recordé mi promesa. Evité el contacto visual el resto de la noche, mientras presa de las obligaciones veía como todos bailaban y yo encerrada en aquella torre.
Mientras las horas pasaban para mí tan lentas, para ella tan mágicas, se movía como dueña y señora de aquella sucia pista de baile y yo hacía lo posible por no perderme en sus pasos firmes y sus ojos brillantes...
Se acercó a mi empapada en alegría y juventud con un cigarro apagado en la mano derecha y un par de incoherencias atoradas en los labios. Me tomó por la barbilla, tal vez pensando que así la oiría mejor, pero no podía concentrarme con semejante belleza manejando mi destino.
Sólo sé que rió con fuerza y dijo cosas sin sentido. Sé que me regaló un suspiro con sabor a tabaco y frutilla, me pidió fuego, aún sabiendo que no tenía y partió a seguir robando corazones.
Sólo un nombre me quedó. Sólo un nombre y un par de plumas que se le cayeron al desplegar las alas. Los amores de noches de boliches suelen durar lo suficiente como para generar un buen recuerdo. Suelen despertarme en el cuerpo y el alma, las ganas de que acabe la semana, de que llegue la noche.
                                              --

Quítame la respiración otra vez
            róbame otro beso maldito
otro suspiro estúpido...

No te alejes como siempre, al terminar la noche
                   llévame a casa.
Quítame este embrujo de una vez
                   déjame libre, que estaba en paz.

Pero antes de irte,
        mi hermoso demonio,
déjame una prueba de que eres real.
       Necesito saberte cierta
para saber donde dejé mi mirada..

martes, 4 de diciembre de 2012

Imaginé.

"Al menos así vas a dejar de pensarla tanto" Me dijo una amiga ante mi tristeza. "Es verdad" conteste. Pero sabía que no era así.

Y me encontré tan sólo luego de cuatro días sin verte imaginando cómo te veré en invierno, cuando el frío me haga enamorarme más, como todos los años. Imaginé cómo será el fatídico Abril, intenté convencerme de que no valía la pena llorar, que todo seguiría igual -lo repito, INTENTÉ.
Imaginé cómo podrían tus manos ser más frías, cómo sería tu viento helado, tus pestañas escarchadas por el frío...
Imaginé tus dedos temblando y tu nariz colorada, y yo odiando al invierno nuevamente por hacerte ver tan hermosa, tan real, tan vos.
Imaginé el otoño, pero descubrí que sería mejor no vivirlo el próximo año. Todo caerá, no sólo las hojas... Imaginé tu cabello del mismo color que el follaje triste de los árboles, creí que te perdía entre los colores claros de su mañana. Desperté.
Desperté y maldije a quien te haya puesto en mi camino. A quien no lo importaba en absoluto lo que podía producirme un encuentro con vos, así, como fue, sin querer; un choque, con la danza que le sigue, sin decidirse por qué lado salir de la incómoda situación. Y mi temperatura aumentando, y la primera vez que sentí que el corazón se me salía del pecho de la vergüenza, cuando sentí que no podía ser más torpe, y te reíste. Y el fin del mundo fue real, y ya no pude concebir haber existido, si no te había visto sonreír...
Y se me hizo costumbre tu perfume, tu risa, el color de la miel pura que forma tu mirada; y aquí estoy, tras tan sólo cuatro días sin alimentar mi alma con tu brisa, desfalleciendo, imaginándote todo el tiempo, confundiendo las caras de las personas que se acercan, intentando dejar de temblar cuando te nombran... Estoy justificando tus descuidos ante mí, intentando convencerme de que no tenés idea, de que tan sólo sos inocente en grado sumo, y eso sólo te convierte en más adorable -si es que es eso posible- y hace que presienta que este verano hará catástrofes con mis neuronas  -o lo que quedan de ellas- y la lluvia que nos acecha no me ayudará en absoluto, sólo hará tu recuerdo más eterno, tu mirada más indescifrable, tu perfil más hermoso cada vez.

                                                     -♥-

Y aunque intente no puedo
              sacarte de mi memoria un minuto
             traerte a la realidad
                   y desarmarte la cintura a miradas.

No puedo dejar
                de faltarte el respeto en sueños
       y al verte regalarte una sonrisa
que me cobraré con creces...

viernes, 30 de noviembre de 2012

Viernes Santo, tormenta bíblica.

Te acercaste. Me miraste sonriente y me felicitaste por los resultados obtenidos. No me importaban. Tu mano aún estaba en mi cintura. Y aunque pretendí guardar la calma al decirte que no lloraras por mi ausencia, que nos veríamos pronto, que seguiría lista para molestarte, el roce ingenuo de tus labios contra mi mejilla me hizo sonrojar.
"-Voy a hacer un esfuerzo..." respondiste riendo, mientras otras personas se acercaron a platicar con vos -que seguías sin soltarme- conmigo, que seguía sonrojada, que seguía perdida, con el alma estrujada de los nervios, de la alegría por tantas cosas buenas juntas... intentando obviar las mariposas que parecían haber escapado de tus remeras para llenar mi estómago con ese sire tormentoso que se genera en mi interior en tu presencia.
La lluvia nos desconcertó, aunque la esperábamos con ansias. Fue una pena que haya durado tan poco...
Me marché de las manos de otras personas, aunque no quería irme. Aún faltaba tiempo para que la campana diera esta pelea por terminada... No era necesario irme tan rápidamente, como escapando de algo, de alguien. Pero la fuerza de mi acompañante era mayor, y tan sólo te dediqué una mirada cómplice, te saqué la lengua y reíste, devolviendome el gesto, haciéndome reír una vez más... como tantas veces en esta semana; continuando con esa cadena de sonrisas que comencé tan sólo semanas atrás...
Deberé acostumbrarme a tu ausencia, deberé comenzar a hacer uso de mi memoria, para recordarte clara y serena, etérea, feliz...
Tan sólo me felicitaste. Tan sólo preguntaste si estaba feliz. Tan sólo conteste que sí, ocultando la verdadera razón de mi sonrisa, que no era más que tu presencia, que el roce de tus manos heladas en mi cintura. Tan sólo escondí mis intenciones tras las risas, e intenté guardar todo el viento posible, ese que generás al pestañear, que está repleto de tu perfume y me eleva entre las nubes grises de este Viernes Santo.
Tan sólo respiré, y me llené de vos.

                                                    -♥-

           La frialdad de tus manos
                        me llena de sol el alma.
El sonido de tu risa profunda
                    genera convulsiones en mi corazón.

                                                          Quédate otro segundo princesa...
                                        sonríe, camina con cuidado, elévate.
                        La tormenta hace que tu belleza sea cada vez más eterna,
                                                           que tus ojos brillen sin tiempo ni dueño...
                                  que desfallezca al sentir tu respiración cortando el aire.
                                             
                                 
         

viernes, 23 de noviembre de 2012

Delirium tremens

Sigo contando los días que me quedan a tu lado, sigo intentando robarte la mayor cantidad de sonrisas posibles, para poder sobrevivir los tres meses que siguen sin morir muerta de amor.
Los resultados a mis chistes son favorables y siento que cumplo con mi misión si logro sacarte una carcajada, clara, desde el alma, como todo lo que te rodea.

Aún recuerdo observarte con aprensión durante demasiado tiempo, intentando que notaras que no podías ocupar un espacio en aquel mundillo en donde me sentía libre. Ahora comprendo que no era más que negación a lo que sucedía; ahora comprendo que no era mi estómago estrujándose cuando pasabas a mi lado, ahora sé que era mi corazón dando vuelcos.

Y como si fuera cierto... como si me vieras en vez de mirarme sonrío a un dibujo sin rostro ni nombre, un dibujo que miraste con atención para dar tu opinión, tal vez descubriendo entre tantos perfiles el tuyo, tal vez haciendo de cuenta que era sólo una ilusión, porque así es mejor, y así es más fácil para ambas...

Y la nostalgia se apoderó de mí antes de tiempo, y debo decirte que probablemente muera esta noche en otro sueño que me robes, y probablemente renazca mañana por la mañana con tu perfil sin tiempo saludándome por la ventana.
Pero prometo reponerme, regresar a aquel lugar que nunca fue mío, a aquel lugar que es tuyo por derecho propio y que responde a cada pequeño movimiento de tu cuerpo, un pestañeo, el simple movimiento de tu cuerpo al respirar, o tu mano acomodando tu cabello para evitar que te cubra las estrellas que llevás por mirada...
Prometo sobrevivir al verano más frío de la historia, y volver con fuerzas para seguir gastando tu sombra a miradas, para seguir dibujándote en silencio, para seguir con este delirio que me hace convertirte en historias de amores no correspondidos, pero perfectamente perfectos.

Quiero dejar de pensarte en silencio
         para contarte las verdades
            que mis dedos gritan desde hace rato.
                                        ♥
Quiero dormir con tu risa
    resonando en mis oídos nuevamente,
         contándome que la perfección existe
                         y tiene nombre de estrella...

domingo, 18 de noviembre de 2012

...♥...

Mi cabeza aún sigue dando vueltas entre jirones de viento que me envuelven, llenándome el alma de tu perfume.
Terminaste por enamorarme, debo reconocerlo. Me lastimás sin quererlo, siendo tan inocente...
Intento robarte otra sonrisa nocturna, intento conseguir otro gesto tonto, otro roce ingenuo que me deje sonriendo el resto de la noche.
Estoy desgastando el cielo mientras intento encontrar una estrella que se atreva a brillar más que tus ojos, aunque sé de antemano que eso es imposible.
No puedo ya, controlar el golpeteo errante de mi corazón cuando te acercás, como lo hacés siempre, para decirme algo que probablemente no escuche, para lograr que me pierda en tu mirada de muñeca antigua y no quiera salir.


      Estoy perdida entre tus alas,
                          entre tus labios.
                         Perdida completamente
                y sin deseos de salir.

                                               -♥-

viernes, 16 de noviembre de 2012

Crónicas de una muerte sin anunciar.

Morí. Por un instante sentí que no podría seguir respirando, o que tal vez había muerto de golpe y sin darme cuenta.
Tu abrazo me tomó por total sorpresa. Tus manos frías terminaron por llenarme el alma de esa escarcha que tanto amo, terminaron por tirar abajo mis defensas y se adueñaron del tiempo.
No recuerdo ni qué fue lo que había dicho, ni qué respondiste, ni por qué razón reías tanto.
Sólo sé que, como de costumbre, tu inocencia te dijo que estaba bien abrazarme sin un previo aviso, aunque mucha gente sabe que podrías haberme matado de amor.
Intenté no perderme en tu perfume, intenté no sentir el roce de tu pelo suelto en mi cuello; quise hacer de cuenta que no era tu brazo el que me arrugaba el uniforme, en ese gesto de complicidad que intentaste tener al buscar apoyo a tus grandes ideas en mi. ¡Pobre de vos! Tu inocencia me asombra, pero no tenés la culpa, Princesa; no hay forma de que supongas que cualquier cosa que propongas va a ser perfecta para mí.
Continuabas riendo y yo también lo hice, mientras sentía como tu cuerpo temblaba producto de la risa misma, mientras mi alma se desmoronaba, se desarmaba en temblores...
Hubiera querido detener el tiempo en aquel momento. Tu mano en mi hombro y mi mano en tu cintura, tu risa en mi alma y mi alma fuera de mi; a kilómetros por sobre ambas; pero el tiempo no es de mis mejores aliados, y no sabe de ilusiones; y como de costumbre, no quiso detenerse.
A varios metros tu nombre resonó claro y eterno, como vos misma, y partiste flotando, no sin antes llevarte mi última pizca de cordura al rozarme la cintura como es tu (mala) costumbre últimamente.
Y así quedé yo. Con la tinta de mis venas corriendo desesperada y mis ojos perdidos en tu figura lejana. Me quedé observando el aire sin decir nada, intentando comprender que debía continuar con mi rutina, que sólo habías tenido un gesto de confianza como tenés con cualquier otra persona, intentando convencerme de que debía continuar mi camino, tratando de prestar atención a lo que todos decían en el lugar, sin parecer perdida entre tus largas piernas, sin escapar una vez más de la aburrida realidad que me rodea, sin demostrar que estoy perdida en tu perfil sin tiempo ni edad, y que no sólo observo el paisaje de aquel pintoresco pasillo abarrotado de jóvenes apurados que no saben de amores indebidos y tan inexplicablemente hermosos.


 Déjame dibujarte una vez más
                                   que tu sonrisa infantil me mantiene de pie.
                                                           y tu recuerdo le pone color a mis sueños más grises.
                                                          -♥-

martes, 13 de noviembre de 2012

Descifrarte, disfrutarte.

Fui sensata. Te dije que me gustaba hacerte reír. Pensé en cortar la frase en el simple "Me gusta". Pero mis neuronas se opusieron a ello, y respeté su decisión. Al fin y al cabo, a veces es mejor amar un poco con la cabeza.
No recuerdo qué dijiste luego. No te oí. Sólo sé que me miraste a los ojos y que tu mano helada me quemaba el brazo.
Y la música que llevas en el alma me trasladó a tu infancia; tiempo en el que aún yo no había llegado a este mundo, y me sentí idiota. Me sentí estúpida, como cada vez que me enamoro de la persona más inadecuada, como cada vez que dejo caer con torpeza todo lo que tengo en los brazos cuando pasas a mi lado llenando el lugar con tu perfume de juventud desbordada, de niñez eterna.
Hablamos sobre la vida misma, sobre tus amigos, sobre mi familia, sobre todas esas cosas de las que no deberíamos hablar para mantener una relación estrictamente "profesional". Me preguntaste sobre mis dibujos, y contesté estupideces que nada tenían que ver con lo que buscabas saber. Lo siento por eso... Tus ojos canela me hipnotizan, y tus largas pestañas me enredan en su baile, haciendo que mi alma se me escape por los dedos cubiertos de lápiz y no pueda concentrarme.
Todavía no logré descifrar tu sonrisa casi triste... ese intento de sonrisa, que supera a todos los que he visto en belleza y efecto producido en mí. Todavía no pude deshacer ese manto de misterio que te envuelve y hace que me pierda en tu andar más a menudo cada vez. No sé qué es lo que hace que parezcas una niña perdida, no comprendo por qué tus manos están tan heladas o por qué tu risa hace eco en mí.
Aún intento comprender qué causa el perfume de las hojas blancas en tu persona, qué es lo que hace que te acerques en cuanto comienzo a dibujarte en silencio. Mientras tanto seguiré intentando hacerte reír,  seguiré guardándome tus silencios, tus miradas perdidas como tesoros que en mis momentos de soledad me sirven como escudo, me ayudan a retratarte más hermosa que ayer, y menos que mañana.



Mi corazón ya no responde a tu presencia volátil.
                                    Mi mirada vaga perdida entre tus pasos.
                                                    Mi alma ya está inundada de tu aroma a libertad.
                                               
                                                    -♥-          

                                                |_| ◘ |_. ◘ ◙             

sábado, 10 de noviembre de 2012

Perdida (crónica de una mañana de lluvia)

Me desconcentré por un minuto y desperté perdida en sus ojos grandes de niña temerosa.
Quise volver a mi tarea pero ya no pude. Era demasiado tarde; había sonreído y en mi corazón los segundos habían huído junto con mi cordura.
Ya no podía pensar en otra cosa, ya todo me parecía fantástico. Todo se había convertido en amor mismo.
Me asombraba, me fascinaba el simple hecho de saber que respirábamos el mismo cálido aire, que ambas sentíamos el mismo aroma a lluvia y que a ambas nos traía los mismos recuerdos...
Fui feliz al descubrir que los relámpagos producían en su alma la misma euforia que en la mía y tuve que resucitar, luego de sentir su cuerpo helado por el viento junto al mío, mientras ella asombrada sostenía que los ojos de mis dibujos tenían la luz de la vida, sin pensar jamás que la vida son sus ojos.
"Es que amo... los ojos" respondí inquieta; intentando parecer despreocupada.
Ella sólo sonrió otra vez, entrecerrando los ojos y acomodándose el flequillo; y deslizando su mano por mi cintura se alejó a divisar la tormenta por la ventana; aprovechando ese único y pequeño momento en la mañana en que nadie la solicita, llenándose la mirada de rocío, nutriéndose del viento para seguir despeinando mi alma.
Sólo la miré. Y continué mirándola; continué memorizando cada uno de sus movimientos, intentando guardar en mi memoria su voz tranquila, su presencia volátil... intentando robarle más sonrisas, que me permitan vivir estos días con su ausencia como si no fueran una tortura o una broma cruel del destino.
Regresé antes de partir para observarla una vez más por la ventana, para sentir su perfume al recoger algo que adrede había olvidado, pero ella ya no estaba. Ya su fugaz figura flotaba en el oscuro pasillo iluminando aquel oscuro y lejano recinto.
Sonreí una vez más, como incontables veces lo había hecho esa mañana; sonreí al saberme dueña irrefutable de al menos una charla amena, de un par de sonrisas tranquilas, y escribí una vez más su nombre de estrella en mi muñeca, descubriendo que ya no había vuelta atrás. Estaba Perdida. Estoy Perdida.


Si te acercas y me inundas con tus dulces ojos,
                          mi corazón bombea tinta cada vez más rápido,
 llenándome las manos de palabras
                        y el corazón de mariposas. ♥

sábado, 3 de noviembre de 2012

Estrella de lejanos testamentos, mariposa silvestre...

La Princesa me miró desde su trono, tan por encima mío como podía. Sonrió, como cada vez que me descubre mirándola a los ojos. Sonrió y otro viento huracanado envolvió mi alma de adolescente confundida.

Quise odiarla, intenté cerrar los ojos y el corazón a sus labios de fresa Silvestre, que todo parecen opacar. Intenté, pero fue inútil. Su perfume de brisa ya estaba instalado en mi memoria, y su caminar tranquilo, sus pisadas de viento nuevo me resultaban hipnóticos.

Decidí, por fin, permitirme amarla en silencio y desde lejos. Decidí espiarla por su cárcel de cristal y me prometí intentar hacerla sonreír al menos una vez al día. Esa cuota de luz de estrella me mantendría con vida veinticuatro horas más.
La descubrí intentando descifrar mis notas varias veces, y le  prometí su aparición momentánea en mis historias. ¡Que inocente!  Cómo iba ella a suponer que protagoniza mis más dulces sueños y también los más indecorosos. ¿Cómo lo sabría? Si al fin y al cabo aún puedo mantener la compostura a su lado, si aún me esfuerzo en parecer calma cada vez que su mano de mariposa se posa sobre mi hombro, en un gesto cómplice y tan común para ella.
¿Que si intenté dibujarla? Claro que sí. Pero no le hice justicia. Los ojos que me miran desde el papel nunca tendrán el brillo, el color de la miel más dulce como los suyos. El irrespetuoso mechón de cabello esbozado a lápiz nunca logrará parecerse al real, y aunque casi idénticas, sus manos apenas tibias nunca podré imitarlas. Jamás acomodará su cabello con suavidad en mi torpe dibujo; y aunque me esfuerce, jamás lograré preparar el color exacto de sus jóvenes mejillas plagadas de pecas, que no hacen más que transformarla en otra niña; que no logran otra cosa que hacerme reír con fuerza  aunque no lo desee y que me atrapan mirándolas cada vez más a menudo, haciendo que desvíe rápida la mirada.
¿Qué importa que no sea mía? Si de todas formas puedo adueñarme de su sonrisa cada mañana. "¿Qué importa que no me mire? Si me llena los ojos" ¿Y qué importa que por las noches él la encierre entre sus brazos? Si con un poco de tinta azul ella vuela a mi lado.
Si la conocí encerrada ¿quién soy yo para reclamar su libertad ahora? Si aprendí a adorarla de todas formas y colores, sin importarme siquiera que ella se diera por enterada.



                                                      Sin importar mi destino
                                                                       sigo vagando por la cornisa de sus ojos.
                                                  Estoy perdida. ♥

lunes, 15 de octubre de 2012

El regreso de Mi Princesa

                                                         Me dijeron que no lo hiciera, que no era así, que me equivocaba.
Me cantaron canciones   de cuna tristes y      
                                   me enseñaron a bordar corazones en telas viejas.
                                                                -♥-

Empezó como un juego, como un chiste, como una broma. Nos reímos,  fue gracioso, pero dentro de mi alma se había plantado una duda, y no tardaría en crecer y dar frutos.
Mi histeria creció y un día me encontré con una sensación extraña en el estómago, y tan sólo había pasado junto a mi.
Es tan terrible ese nudo en la garganta y ese calor que asciende desde el pecho y me enciende las mejillas. Es tan terrorífico como hermoso, y me da terror. Me da miedo perder el control de mí misma ante su presencia de brisa otoñal.
No camina, tan sólo se desliza a diez centímetros del suelo haciendo que las flores se abran a su paso sin poder resistir su brillo de nuevo sol. Y yo no resito.
No lo busqué, no lo quise así, pero cada vez que me encuentro sin pensar nada, su nombre de estrella fugaz aparece en mi memoria, y su risa cantarina flota en el aire, y sus ojos miel me observan desde arriba, como siempre lo hacen y me desarman.
Tal vez la marca roja de lo prohibido incentiva mi locura cotidiana y me eleva hacia el infinito encerrada en esta nube de confusión amorosa, de confesiones en voz baja.
Mi Princesa de Aire me ha enredado entre sus alas y me tiene prisionera. Se ha adueñado de mis mejores sueños, y habita en mi cabeza sin pagar alquiler.
Esta situación está a punto de superarme y, lo siento Princesa, si pierdo el decoro. Tu belleza de luna de octubre, tu semblante misterioso es más fuerte que cualquier recuerdo de la educación que alguna vez me brindaron.




                                                                                                               Intentando remontar este barrilete.