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sábado, 4 de abril de 2015




Hoy sólo quiero acurrucarme entre los brazos
que alguna vez me dieron escalofríos.
Hoy quiero hundirme en tu pecho de cielo nocturno,
en la oscuridad de tu cuello, en la protección de tu pelo suelto.
Hoy quiero verte, bella.
No quiero que te vayas, no quiero decir nada.
En silencio, mirame.
Dejame verte.

Respirá tranquila.

lunes, 26 de mayo de 2014

Siesta para no dormir

Una pareja. Ambas recostadas en una cama con una manta de color naranja. Las últimas luces de la tarde acarician la piel de sus torsos desnudos, entrelazados los brazos en una comunión íntima. No hay ni un solo ruido, los sonidos de la calle los amortiguan sus respiraciones pesadas, las dos muchachas dormitan.
Ambas llevan puestos pantalones de jean y las mismas zapatillas gastadas. Se mimetizan desde hace un tiempo, son una.
Dos pares de anteojos descansan en el piso corriendo riesgo de muerte en un paso mal calculado, pero ninguna quiere levantarse. Hace varias semanas esperan tenerse una a la otra en esa paz que el silencio del departamento les brinda. Se respiran mutuamente llenándose del perfume de la otra, guardándose esos momentos, absorbiendo el tiempo que gotea del reloj para esos días en que el mundo es demasiado duro, y las distancias demasiado grandes.
Se cuentan los lunares a caricias, a besos, se sacan con cuidado la escarcha del alma, intentando no romper ese pedacito que aún les queda sano, han ido por la vida cayendo demasiadas veces a la realidad. Se sostienen una a la otra, se acurrucan y suspiran, se besan y vuelven a suspirar.
Hechas un solo ovillo en esa cama de una sola plaza que las vio nacer y morir mil veces en una noche admiran todo lo que tienen cuando sólo se tienen una a la otra y sonríen sabiéndose eternas cada vez que sus vientres se rozan para crear otra galaxia.
El aire frío que entra por una hendija de la ventana no las toca, saben que el invierno se acerca porque lo sienten en los huesos como quien siente la presencia cercana de un buen amigo, y descansan envueltas en el calor de sus propias almas mientras la ciudad se oscurece para cobijarlas con su manto eterno.
Ambas deciden vestirse entre risas y tomar un té, una ancestral medicina que desde hace once meses y tres días obtuvo para ambas otro significado. Y entre el vapor y palabras susurradas el tiempo pasa sin que ninguna lo note, sin que ninguna lo desee.
Suena un celular y ambas saben lo que eso significa, el hechizo se termina en poco tiempo. A la tercer llamada se apaga y ellas se besan por vez número mil en el día. Ninguna es Cenicienta, ninguna oyó el reloj ni son las doce de la noche, pero el mundo real las espera al bajar las escaleras, y el frío por fin se siente, y se despiden prometiéndose el mundo y lo que hay más allá también; se prometen otra vez todo aquello, se prometen volver a casa, a esa casa que hay cuando la cabeza de una descansa tranquila en el pecho de la otra y nada malo las toca y nada triste existe y son solo ellas en el mundo por primera vez, y no contra él.
Una vez más planean jugar a Julieta y Julieta en las penumbras, pero con un final feliz.


                                             -{♥}-

Sabe que mi casa está es su hombro,
             en ese hueco perfecto de su cuello,
        donde su perfume se estanca y mis besos se pierden.

Sabe que sus sonrisa inmensa basta para sanarme por completo,
          que sus manos pequeñas curan todos los golpes que el mundo pueda darme,
 que su boca sabe a libertad.

Me presta unos besos llenos de juventud y promesas
   y me deja naufragar en su cintura
       mientras cuento los lunares de su espalda.



Mis zapatillas viejas y las suyas enredadas
     y una siesta para no dormir;
  para verla ser, para oirla respirar.
          Una siesta para volver a ella,
  para volver a casa.

viernes, 25 de abril de 2014

Te espero

Le dije que la iba a esperar. Que no me importaba cuánto, siempre se lo dije.
Cuando me dijo que era hasta ahi donde llegaba sin caerse, no hubo más piso, ni hubo techo, ni hubo un cielo. No hubo nada, sólo ella llorando, y yo llorando, y el mundo que se había apagado de golpe.
Después de un rato abrazadas nos sacudimos los escombros y decidimos seguir otra vez, decidimos limpiarnos la sangre de las rodillas y pararnos nuevamente. Juntas. Yo con ella, ella conmigo.
Le dije que la iba a eperar y lo repetí, y lo repito, y lo repetiré. ¿Cómo no hacerlo? Si es ella quien me mostró que yo también podía ser amada, y me enseñó que yo también podía amar.
Si fue ella quien me mostró que podía sentir tanto hasta llevarme al punto de creer que estallaría de tanto amor.
Si es ella la que me sigue dando fuerzas -ahora a la distancia- para salir a pelearla en una ciudad ajena.
Es ella la que me da paz en medio de toda esta turbulencia.
Es por ella que sigo esperándola, es por lo que soy con ella. Es por las dos.
Y como dijimos, preciosa. "Como Julieta y Julieta... pero con final feliz"
Te amo. No importa cuánto pase, no importa a quién le moleste. Es así. Y somos juntas.
Me quedo a tu lado mientras me dejes darte la mano.

martes, 1 de abril de 2014

Crónicas de fin de semana

Me quedé en silencio abrazada a ella, ¿Qué pensaba decirle? ¿Algo de lo que dijera haría la diferencia? Me quedé con la duda y no dije nada. El pecho me dolía pero no era el momento para volver a ser una nena; la abracé con fuerza.
Quise por un momento hacerme chiquita, diminuta y entrar en su corazón y desatarle ese nudo de miedos que a fuerza de psicopateos se había formado. Quise por un momento hacerme grande de golpe y poder frenar esa avalancha de insultos cotidianos que la atormentan por ser quien es, por ser conmigo. Quise desaparecer o ser diferente, ser lo que merece tal vez, ser eso que esté bien y que no le cause peleas ni le ocasione preocupaciones. Quise ser todo lo que no soy pero debería.
Salió de la comodidad que el hueco de mi cuello le proporcionaba para darme un beso en la mejilla y lo notó; unas lágrimas saladas y silenciosas me delataron en la oscuridad y nada más pude ocultar.
-¿Qué te pasa? Nena... -su voz por primera vez fue lo que no quise escuchar, no quería que fuera ella quien descubriera que me había roto, que no soportaba otra vez, hubiera dado cualquier cosa por haberle evitado el disgusto de verme desmoronada y hecha arapos.
No pude contestarle, simplemente me hice un ovillo y me abracé a su cintura con fuerza, con mi cara en su vientre, casi cubierta por las sábanas. No quería mirarla, no me animaba.
Intenté parar pero ya era tarde, ya el alma intentaba salirse por mis ojos para pintarme otro poco las ojeras, y los espasmos hacían que temblara como un perro con frío.
Lloré como hacía mucho quería llorar, lloré callando gritos en la noche, lloré como una nena chiquita que llora de tristeza, como eso que siempre fui mientras asustada me acariciaba el cabello buscando alguna explicación para semejante dramatismo.
No la había, no la hay... o tal vez si, ¿quién sabe? Yo no.
Simplemente sé que lloré hasta empaparle la remera, mientras escuchaba el ruidito metálico de su corazón agitándose por los nervios al ver que no podía calmarme y el aire casi no entraba en mis pulmones.
Sentí como temblaba su pecho y supuse que lo peor que podía haber hecho estaba sucediendo y esta vez era ella la que lloraba por mi, por no haberme secado a tiempo las lágrimas que no deberían haber estado.
Subi mi cabeza hasta su pecho y hundí mi nariz en su cuello, en su pelo... Respiré su perfume mientras le pedia perdón sin siquiera saber por qué.
Me besó en los labios y sus lágrimas y las mías se mezclaron y lloramos otro rato hasta quedarnos con muchas menos lágrimas que de costumbre atoradas en las pestañas.
Le besé las mejillas, y la nariz, y los ojos y dejé que me secara las lágrimas con la delicadeza de quien sabe cómo duele.
Dejé que me abrazara y en vano intenté explicarle mis lágrimas nocturnas. Le prometí llamarla más seguido cuando esas crisis volvieran a tomar el control de mi cuerpo y me prometió intentar hacerme sonreír mucho más de lo que ya lo hace.

El peso sigue estando y la carga no es más liviana y los obstáculos no son más simples ni el camino menos empinado. Todo duele, TODO; a veces más, a veces menos. Una única esperanza de salir adelante a pesar de todos los puñetazos de aquellos que siguen sin querer entender el amor y la felicidad ajenos. Una sola esperanza colgada del cuello como amuleto o talismán. Una esperanza y una mano que me sostiene la mía. Hay que seguir adelante.

                                                                      -†-

Y la sal en mis heridas
         ya no quema como solía hacer....
No es que no sienta el dolor,
          simplemente no tengo miedo de que me hieran otra vez.

Y la sangre en estas venas
               no está bombeando menos que antes.
    Y esa es la esperanza que tengo
                         lo único que sé
y lo que me mantiene viva.
                             -Last Hope -Paramore

sábado, 15 de marzo de 2014

Quisiera

A veces necesito un idioma nuevo, uno que me garantice que voy a lograr calmar el maremoto de su alma chiquitita y salvaje. A veces quisiera poder hacerla ver lo hermosa que es, quisiera que por un momento estuviera en mi lugar y se viera riendo, o durmiendo, o protestando, o simplemente respirando.
Quisiera saber como protegerla de todo lo malo de este mundo... de mi misma incluso, de su propio juicio, de gente que sigue lastimándola.
Quisiera a veces, tener el poder de hacerla respirar tranquila, de hacerla sentir como ella me hace sentir. De darle la mano -como ella lo hace- y calmar el mundo.
Quisiera quitarle todos lo problemas, el peso del mundo que carga en lo hombros. Con gusto lo cambiaría por mi felicidad; no la necesito... si mi felicidad es ella.
A veces quisiera que en serio sintiera todo eso que siento cuando la veo venir hacia mi para darme un beso, o la alegría que me inunda cuando siento sus manos en mi cintura abrazándome porque si, y robándome besos que hacen que todo mi día tenga sentido.
Quisiera que supiera que sigo por ella, que ella es la razón por la que sigo peleándola en una ciudad que no es mía, con gente que no conozco y con otra que creía conocer; que sigo porque es la única manera de empezar a cumplir lo que planeamos juntas.
Hay noches como la de hoy,después de un día difícil como el de hoy, en que sólo quisiera poder refugiarme entre sus brazos y entregarle el alma otra vez.
Quisiera que se viera así de gigante y preciosa como yo la veo, así de perfecta como es. Así de necesaria como es, tan ella que asusta desbordando perfección por los poros, mientras me revoluciona el alma con esas pestañas eternas; mientras me causa escalofríos cada vez que me dice que me ama, como la primera vez.
A veces quisiera que supiera que para mi es eterna y perfecta, que se aceptara como toda esa galaxia de persona que es, enamorándome cada segundo un poco más, haciéndome entender de a poco que con ella no necesito ni caretas ni disfraces porque puedo ser yo misma, desnuda de cuerpo y alma, aferrada a su cintura y sintiendo en el alma como se mueve su pecho al respirar; sabiendo que no hay otra respiración que pueda calmarme, ni ninguna otra que quiera escuchar en mi vida, junto a la mía, contra mi nuca, sobre mi almohada... rebotando en mi sangre, en lo más profundo de mis huesos; ahí donde está mi esencia, donde vive ella desde siempre, donde la encontré cuando por fin pude verla después de tanto mirarla.

Tu perfume de viento me despeina el alma
y busco explicaciones que no existen....
es que simplemente te amo.
                  Y aunque pensé que no podía,
que no sabía, que no era para mí....
                                 me diste la mano y me apretaste contra tu esencia
           me diste un beso helado, me diste coraje,
   la oportunidad de amar, la certeza de saberme tuya.
           me diste fuerza, me das amor.

           Y en el roce perfecto
de tu vientre y el mío
              crecen galaxias lejanas, mágicas, divinas.
Y entre tu amor y el mío crecemos,
   soñamos...
                    somos uno.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Su cabeza en mi pecho y soy feliz
   sus manos y las mías, como dos pajaritos
que quieren volar por primera vez.

Me encanta sentirla durmiendo a mi lado, con su cabeza apoyada en mi hombro y sus dedos enredados en los míos; sus uñas prolijas y las mías llenas de mordiscos.
Me encanta que ocupe toda la cama y me deje el borde de un almohadón y apenas un poco de sábanas; que le agarre calor y nos destape a ambas.

Suena una cancioncita triste,
   canto como al pasar y sé que me mira.
y le cuento lo que no me animo a decirle.

Me resulta extraño como una persona puede hacer que mi alma deje de retorcerse e intentar salir a lagrimones salados por los ojos. Amo abrazarme a su cintura y apoyar mi cabeza en su pecho cuando todo lo que quiero es desaparecer del mundo y hacerme chiquita y llorar. Amo que me calmen sus latidos, y sentir que su pecho es una cajita musical que sólo yo puedo escuchar, mientras me abraza y dibuja círculos con sus dedos en mi espalda.

Me despierta el aroma a té
    su perfume en mi almohada, en las sábanas,
en mi piel,       en mi alma.
Me despiertan sus besos
       y sus pasos por el departamento.

Despertarme con su sonrisa mirándome me fascina y me da ganas de abrazarla y no soltarla jamás, porque la quiero en mi vida. La quiero sin poder distinguir casi entre su cepillo de dientes y el mio, la quiero quejándose de mis medias horribles e intentando dibujarme mientras estudio. La quiero gritando por la casa y haciendo bullicio y saltando para pegarme con los almohadones y riendo.

Quiero tener sus locuras en mi vida diaria
               y que me robe sonrisas
que no sabía que guardaba en mi interior.
                  Quiero que me deje hacerla feliz.

Me hace feliz que me robe el celular y me haga correrla por el edificio, y que me cebe mates amargos toda la noche. Me hace feliz bailar con ella en la terraza mientras me canta canciones en francés casi susurradas. Quiero todo eso en mi vida, y lo quiero para siempre. La quiero despertándome a la noche porque me muevo mucho, la quiero robándome la frazada y llenando todo de papeles de caramelos Alka de cereza. La quiero con sus manos frías en mis costillas. Conmigo. Hoy y siempre.


Me llenó la vida de colores,
             me quitó la tristeza, me dio ganas de reir.
Me acaricia el alma y me canta canciones de cuna;
                                         me cuida los sueños.
Me ayuda a cumplirlos.

sábado, 8 de febrero de 2014

Amo a una mujer que cree que tomar una taza de té juntas es sexy, y a la que le gusta creerme cuando digo que si nos abrazamos loo suficientemente fuerte, el tiempo se para y nunca llega la hora de volver a casa.
Amo a una mujer a la que le divierte hacerme enojar, que no la divierten las actrices que me gustan y que podría estar horas leyendo lo que escribo y sin importar lo terrible que sea va a decir que le encan
ta con una sonrisa.
La mujer que yo amo me pregunta si me casaría con ella prácticamente a diario, todas las veces le digo que si y la miro reírse un rato y hacer silencio luego mientras me dice que habla en serio.
Cada vez que duermo con la mujer que amo pregunta si su cuello en mi brazo no pesa, si no me aplasta, si no me hace mal; amo decirle que me hace bien y morderle las orejas.
La mujer que yo amo es una mujer que me da besos ruidosos en la frente y me hace cosquillas, y me pellizca los cachetes, y me despeina, y me muerde los brazos, y me llena el alma.
Amo a una mujer que escribe cartas y me hace esperar horas,días o meses para leerlas, y quiere mirarme mientras lo hago, y me resisto porque sus cartas siempre me hacen llorar.
Amo a una mujer que planea secuestrarme cada vez que estamos en una terminal de ómnibus y una de las dos se despide de la otra.
Amo a una mujer que me da besos en la nariz, en las mejillas y en el mentón; y en la espalda, y en las manos, en la cintura y en las orejas, y en las costillas, y en el ombligo, en los labios; amo a una mujer que me muerde mientras me besa y se ríe a carcajadas porque "besar es divertido".
Amo a una mujer que, como yo disfruta de las películas clásicas y de las más extrañas y siempre tiene otro ratito para acurrucarse y abrazarme con fuerza.
La mujer que amo me hace escuchar canciones hermosas y, cuando cree que no la oigo las canta bajito mientras se viste, o se peina y me hace pensar que soy demasiado afortunada por tenerla conmigo; me hace comprender que lo soy.
La mujer que yo amo, me hace feliz; me escribe que me ama en papelitos y en las piernas, y cose muñequitos de tela y les pone nombres raros y sonríe con la cabeza apoyada en mis piernas mientras le acaricio el pelo y las mejillas, y cierra los ojos porque está cansada de tanto volar, y se deja acariciar las alas; y yo muero de amor.
La mujer que yo amo es mi mejor amiga y la amo, y puedo estar horas contándole mi vida, escuchando la suya, inventando la nuestra...
Le gustan las nubes y le gusta mirarlas; a mi me gusta ella, y entonces la abrazo hasta que las nubes se vuelven estrellas y le digo al oído que la amo, y que me encanta amarla tanto, y le recito a Cortázar o a Neruda, y ella me dice algo en francés que no entiendo pero me encanta, y siento que no entra tanta felicidad en mi pecho, y entonces, para no estallar en mil pedazos de tanta alegría acumulada... escribo. Y la beso. Y respiro su perfume, ese que me lleva a casa.


                                                         -∞-

Y un día me desperté,
    y estaba entre mis brazos
mostrándome un amor casi irreal.

Y la apreté contra mi cuerpo
      y así vamos por la vida
conquistando nuevos mundos,
    amando otro poquito,
         cuidando de no estallar de tanto amor...
Floreciendo.

domingo, 26 de enero de 2014

La extraño. La amo.

Hoy la extraño, y es porque la amo. Porque la amo con todos sus mundos; la amo quieta y efervescente. La amo sin saber siquiera de qué está hecha. La amo y todavía no entiendo como mi pecho no explotó ante sus ojos negros, llenando de mariposas de sangre el lugar.
Amo despertarme antes que ella y mirarla dormir, observar su quietud y admirarla, acostumbrada al remolino que suele ser.
Amo sentirla respirar junto a mi, hacerla reir y sentir su piel rozando la mía, y oirla decir que nada más necesita si estamos así.
Amo decirle que no pienso soltarla y que me encantaría poder quedarme anclada a su cintura el resto del día mientras luchamos para levantarnos a almorzar a las cinco de la tarde, mientras me pide que no vuelva a ponerme la pijama y vuelve a quitarme las ganas de salir del cuarto a besos en la espalda.
Me encanta sentir sus manos pequeñas enredadas en mi pelo, en mi cuello, en mi alma... Y extraño su perfume, y extraño que cada vez que entro al cuarto una ráfaga de su esencia me inunda y extraño apoyar mi cabeza en ese hueco perfecto que forman su cuello y su hombro, en donde empiezan las constelaciones de sus lunares infinitos, que cuento con los dedos mientras ella se ríe y yo muero de amor.
La extraño, completa. La extraño como si hiciera meses no la tuviera conmigo y no comprendo como pude soportar aquellos meses en que nuestros mundos estaban en guerras.
La extraño con el cuerpo y el alma, y extraño que me apriete los cachetes, y que se burle de mi por ser menor, extraño que se enoje si le hago cosquillas e intente no hablarme por unos segundos. Extraño que se queje porque me encanta morderla y su piel blanca no soporta la brutalidad de mis besos.
La extraño. Quiero abrazarla por la cintura y mirar como todos viven mientras nosotras morimos de amor y nos prometemos los mundos que existen aquí, y los que están más allá, formando una familia entera de cactus bonsai con nombres extraños y muñecos cosidos a mano, mientras peleamos por nuestra música favorita y seguimos jugando a Julieta y Julieta en este mundo de locos.


                                                   -.-

Me llenó el cuerpo de mariposas
        y el alma de mostritos
Y todo lo que creí cierto
                cambió por completo con su llegada.

Creí en el amor
        y creí en ella.
Y creo en el amor
         y creo en nosotras.

-----------------------------
"¿Cómo van a caber tantos besos en una canción?"

miércoles, 8 de enero de 2014

Luna de miel y humo

La busqué en la oscuridad del cuarto; la luz de la luna apenas nos iluminaba y las promesas dejaban de ser deudas.
Encendí un cigarrillo y observé el brillo de todo lo que le prohibieron en los ojos. Se acercó. El cuerpo tibio y los ojos ardiendo, mostrándome otro poco de todo el universo que esconden.
El  humo llenaba el cuarto, me llenaba los pulmones, la boca, la sangre; tras unas pitadas me acerqué nuevamente a ella, la miré a los ojos, saboreé de antemano el beso que sabía venía a continuación, y con el sigilo que me da la ebriedad la besé interminablemente, terminando de soltar el dulce humo en su boca.
Nos besamos como si fuera la primera vez en todo el mundo que alguien se atrevía a besarse. Fue un beso con sabor a tabaco, a prohibido, a libertad y desobediencia.
Tras un par de caricias el cigarro terminó por consumirse entre ambas, dejándonos cubiertas de caricias por dar, llenándonos de dopamina el alma, mientras intentaba desarmarle a caricias la cintura y llevarla a volar conmigo.
Jamás la luna se vio tan hermosa como esa noche iluminándola en la penumbra y jamás me sentí más segura que en la oscuridad total y entre sus abrazos eternos.
Dormir tranquila es fácil si tengo quien me cuide el sueño.
Y entonces la luna murió de celos cuando cerré la ventana y ya no pudo acariciarla, y entonces morí de amor entre sus brazos, entre sus besos; y despertar fue renacer, fue revivir, fue verla dormida y saberla real, y saber que es conmigo y soy con ella.

Y si quisieras acompañarme
              huiríamos de este planeta;
     el mundo nos queda chico.

Basta con tu sonrisa
  y un abrazo eterno, nuestro.

Volemos, amor...
               yo invito los besos.

sábado, 31 de agosto de 2013

3.50 a.m

El calor que empieza asomarse de la mano de septiembre, al contrario de levantar mi autoestima, me enfría el alma.
Viernes por la noche, madrugada de sábado. Recuerdos de sábados anteriores y una mano que sostenía la mía durante el día y una respiración casi musical que me mantenía tranquila por las noches, rebotando contra mi almohada, contra mi alma.
Tengo la aguda necesidad de estar en otro lado, y no aquí. El deseo, el anhelo de girar en mi cama en medio de la noche y escuchar su voz preguntando si estoy bien, o encontrarme con sus ojos entreabiertos y su sonrisa soñolienta que me hace sentir culpable al despertarla.
Tengo un perfume que camina enredado a mi, que me persigue donde vaya y hace que busque entre el mar de gente el rostro de quien sé que no hallaré-.
Tengo sus recuerdos enamorados de mi insomnio que se siente histérico por mi cabeza, y así corren los tres persiguiéndose, quitándome horas de sueño, en donde podría soñarla, o soñarnos, tal vez. De alguna forma más fácil, más sencilla y simple, sin tantas idas y vueltas de gente entre ambas.
Tengo los días de este Septiembre contados, tengo contados los días para encontrarnos y reconocernos nuevamente.
Tengo contados los días que faltan para volver a casa, para volver.


                                                            ▼

Y los días sin usted, mademoiselle
               son más largos y las noches
se hacen eternamente eternas.

El volver a casa no es el mismo
                 sin sus manos frías en mis bolsillos
y mis pasos no son los mismos
     si no siguen a los suyos.

viernes, 9 de agosto de 2013

...

Frío, terror. Sentí su voz apenas rasgando el aire y la vi recostarse a mi lado. Temblé al sentir su cabeza en mi hombro, quedé petrificada en sólo segundos y morí al descubrir su mano buscando la mía en la oscuridad del cuarto.
No quise creerlo. Había muerto hacía rato, de sólo pensar en que ambas respirábamos el mismo aire viciado con los resquicios de una noche de bar.
Hundió su cabeza aún más en mi hombro y apretó mi mano, tal vez pidiendo algo que no llegaba a comprender. Su respiración pesada golpeaba mi cuello hipnotizándome.
Depositó un beso helado y nervioso sobre mi mejilla y no soporté.
Era hora de hacerme cargo del universo que se había formado, era hora de juntar todo el coraje que un poco de alcohol y buena música me había dado y arriesgarme a morir en el intento.
Increíblemente segundos más tardes y con el alma estallando sin delicadeza alguna, intentando difícilmente no perder la cordura, un par de besos me sacaban el frío del miedo mientras sus manos pequeñas me abrazaban por la cintura.
Noche de confesiones en voz baja, risas tontas y caricias largas.
Meses soportando la opresión en el pecho de los besos que maduraban sin destinatario para poder despilfarrar todos los que se me ocurrieron en tan sólo una noche.
Ese fue el comienzo, ese fue el momento en que Jekyll y Hyde le cantaron un par de verdades sin decir palabra alguna y ese fue el día en que amaneció demasiado pronto mientras reíamos dudando si era real o no la locura de la cual habíamos decidido hacernos cargo. Y fue real.


Y una noche cualquiera
               entre el frío y tus ojos
te canté las verdades que deseabas oír.

Y como si el mundo no existiera,
                     como olvidando el deber
decidimos revolucionar nuestros mundos
y crear galaxias nuevas.
               

 Decidió el Universo,
         decidimos hacer caso.

domingo, 12 de mayo de 2013

Perdón.

Llorar. Durante horas, dar vueltas en la cama, dar vueltas al asunto y quedar en la nada. Pensar. Pensarla. Odiarme por eso y seguir en la misma.
Mentir, decir pavadas para cubrir mi mal humor, inventar pesadillas y noches en vela para ocultar el llanto. Confesar cosas a medias, retractarme y pedir perdón. Vivir continuamente pidiendo perdón, pidiéndole perdón.
¿Perdón por qué? Por no hablar demasiado claro, por querer lo que no tengo, por hacer sentir incómodx a más de uno con declaraciones dignas de mi dramatismo, de ese que llevo en la sangre desde que nací.
Otros nombres se mezclan en nuestras conversaciones, escenas de celos estúpidas que sólo me confunden más.
No entiendo que busca, no entiendo si entiende, si es inocente o demasiado retorcida. De todas formas me enreda, estoy jugada, y atada a sus palabras. Soy una hoja seca entre su viento, en medio de la tormenta que es su presencia misma, su andar desaforado por la vida, intentando conquistar nuevos mundos.
A veces simplemente gritaría, le gritaría todo, no pierdo nada más, ya sabe de qué hablo. Ahí recuerdo la fragilidad de su seguridad ante el mundo, ahí recuerdo que sólo conmigo es fuerte y eléctrica, casi irreal.
Ahí recuerdo que el mundillo de personas a nuestro alrededor parece frenar mis impulsos adolescentes todo el tiempo, por comodidad, por miedo al cambio, a la revolución.
Ahí recuerdo que tengo las manos malditas y vuelvo a secarme las lágrimas y a desearle toda la felicidad del mundo, aunque sé que le regalaría la mía. Vuelvo a alegrarme por sus amores esporádicos de fin de semana, por los recurrentes, vuelvo a inventarme amores de una noche que se van con la oscuridad pero dejan buenos recuerdos, todos ellos máscaras, para evitar caer en la tentación de prometerle un mundo aparte, de prometerle lo que imagine; de jurarle felicidad y morir de ello.
Ahí es cuando me calzo el disfraz y salgo a pelear con mis demonios otra vez, y vuelvo a la normalidad, arrepentida de mis malas contestaciones, ahí es cuando vuelvo a pedirle perdón. Perdón... por no serle sincera, por reaccionar como Hyde, para ocultar el amor que mi Jekyll le daría.
Perdón.