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sábado, 4 de abril de 2015




Hoy sólo quiero acurrucarme entre los brazos
que alguna vez me dieron escalofríos.
Hoy quiero hundirme en tu pecho de cielo nocturno,
en la oscuridad de tu cuello, en la protección de tu pelo suelto.
Hoy quiero verte, bella.
No quiero que te vayas, no quiero decir nada.
En silencio, mirame.
Dejame verte.

Respirá tranquila.

jueves, 12 de marzo de 2015

Causa y efecto


Su vientre rozando el mío y una galaxia que estalla entre ambas.
Su beso apoyándose cuidadoso en mi cuello es el aleteo de una mariposa generando un huracán.
Causa y efecto.
Sus ojos reflejados en los míos y un mundo que quiero hacer mejor para ella.
Sus pestañas moviéndose y mi alma despeinándose entera. 
Causa y efecto.
Me ama y yo exploto de amor por ella. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Tiene una facilidad asombrosa para calmarme cuando los demás me decepcionan y una caricia siempre en la punta de los dedos.
Tiene el poder de hacerme creer que puedo mejorar, la capacidad de hacer que de verdad quiera hacerlo, que de verdad lo intente.
Cada vez que no sé dónde estoy parada, me da la mano y me tranquiliza saber que estoy a su lado. Cada día me tranquiliza y me llena de orgullo saber que sigue intentando, que seguimos peleando por eso que creemos.
Me hace feliz al saber que perdona mis errores aunque no creo merecerlo. Me hace feliz que me deje intentar hacerla un poquito feliz, de devolverle al menos un poquito de toda esa felicidad que me da. 
Me hace feliz. Siempre lo hizo.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Tal para cual

Hoy estuvimos juntas; nos peleamos, nos reímos, dijimos pavadas, incluso miramos mujeres bellas juntas... volvimos a reírnos, bebimos, cantamos y nos hicimos mimos, lloré y me consoló, me hizo mimos, me cuidó de mi, nos besamos, volvimos a reír, nos revolcamos comos dos criaturas por el piso de la sala y bailamos.
Hoy le dije que fue lo primero que me gustó de ella, y no fue nada físico ya que nos conocimos por internet. Lo que más me gustó de ella es que ella era tan Carolina conmigo y yo era tan Sofía con ella, me gustó que se encantara por pavadas, que se riera de mis chistes, me gustó que me dejara malcriarla a mimos, diciéndole que era linda.
De ella me gustó que no se esforzara por caerme bien y mucho menos por gustarme. Me gustó la energía que había entre las dos y cuando la vi terminé de enamorarme y supe que nada en el mundo iba a volver a ser lo mismo cuando la vi por la ventana del colectivo y le saqué la lengua y sonrió.
Cuando la abracé, toda pequeña y chiquita como es me hizo temblar el alma, y supe que jamás iba a sentir un abrazo tan perfecto.
¿Cómo no amarla? si es todo lo bueno que tengo. Si estamos hechas para estar juntas; si mis labios coinciden con cada una de sus costillas y su cabeza con el hueco de mi hombro, donde se refugia tras mis rulos cuando el mundo parece no estar de su lado.
¿Cómo no estar con ella? Así lo prefiero, porque su dedo indice tiene el tamaño del pocito que se me hace en la nariz cuando me río. Así lo prefiero porque mi vientre y su espaldas fueron hechos para dormir juntos. Así lo prefiero porque sabe hacerme dormir con caricias en la frente y mimos en la espalda y sabe despertarme con el desayuno en invierno mientras me abriga la cama y se queja de lo mucho que me muevo al dormir.
Estamos hechas para ser juntas, por eso ella sufre frío al dormir, y yo sufro calor, por eso ella escucha rock internacional y yo amo Pescado Rabioso.
Estamos hechas para ser porque sus manos encajan perfecto en mi cintura, en mi nuca, en mis caderas, en mis mejillas...
Estamos hechas para estar juntas porque sí, porque así lo queremos y nos parece bien, porque nos gusta mostrarnos que podemos, porque nos encanta desafiar al mundo cuando nos dice que no, siempre juntas, siempre sosteniéndonos, sin soltarnos. Como al principio, sin esfuerzos por caernos bien, escogiéndonos otra vez al despertarnos, con idas y vueltas, errores, aciertos, con pasado y futuro, yo con ella, y ella conmigo.




Besarla y contemplar su sombra,
     oirla, sentirla, recorrerla, saborear su presencia,
saberla cerca, extrañarla.
                     Ser con ella
           y que sea conmigo.

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lunes, 26 de mayo de 2014

Siesta para no dormir

Una pareja. Ambas recostadas en una cama con una manta de color naranja. Las últimas luces de la tarde acarician la piel de sus torsos desnudos, entrelazados los brazos en una comunión íntima. No hay ni un solo ruido, los sonidos de la calle los amortiguan sus respiraciones pesadas, las dos muchachas dormitan.
Ambas llevan puestos pantalones de jean y las mismas zapatillas gastadas. Se mimetizan desde hace un tiempo, son una.
Dos pares de anteojos descansan en el piso corriendo riesgo de muerte en un paso mal calculado, pero ninguna quiere levantarse. Hace varias semanas esperan tenerse una a la otra en esa paz que el silencio del departamento les brinda. Se respiran mutuamente llenándose del perfume de la otra, guardándose esos momentos, absorbiendo el tiempo que gotea del reloj para esos días en que el mundo es demasiado duro, y las distancias demasiado grandes.
Se cuentan los lunares a caricias, a besos, se sacan con cuidado la escarcha del alma, intentando no romper ese pedacito que aún les queda sano, han ido por la vida cayendo demasiadas veces a la realidad. Se sostienen una a la otra, se acurrucan y suspiran, se besan y vuelven a suspirar.
Hechas un solo ovillo en esa cama de una sola plaza que las vio nacer y morir mil veces en una noche admiran todo lo que tienen cuando sólo se tienen una a la otra y sonríen sabiéndose eternas cada vez que sus vientres se rozan para crear otra galaxia.
El aire frío que entra por una hendija de la ventana no las toca, saben que el invierno se acerca porque lo sienten en los huesos como quien siente la presencia cercana de un buen amigo, y descansan envueltas en el calor de sus propias almas mientras la ciudad se oscurece para cobijarlas con su manto eterno.
Ambas deciden vestirse entre risas y tomar un té, una ancestral medicina que desde hace once meses y tres días obtuvo para ambas otro significado. Y entre el vapor y palabras susurradas el tiempo pasa sin que ninguna lo note, sin que ninguna lo desee.
Suena un celular y ambas saben lo que eso significa, el hechizo se termina en poco tiempo. A la tercer llamada se apaga y ellas se besan por vez número mil en el día. Ninguna es Cenicienta, ninguna oyó el reloj ni son las doce de la noche, pero el mundo real las espera al bajar las escaleras, y el frío por fin se siente, y se despiden prometiéndose el mundo y lo que hay más allá también; se prometen otra vez todo aquello, se prometen volver a casa, a esa casa que hay cuando la cabeza de una descansa tranquila en el pecho de la otra y nada malo las toca y nada triste existe y son solo ellas en el mundo por primera vez, y no contra él.
Una vez más planean jugar a Julieta y Julieta en las penumbras, pero con un final feliz.


                                             -{♥}-

Sabe que mi casa está es su hombro,
             en ese hueco perfecto de su cuello,
        donde su perfume se estanca y mis besos se pierden.

Sabe que sus sonrisa inmensa basta para sanarme por completo,
          que sus manos pequeñas curan todos los golpes que el mundo pueda darme,
 que su boca sabe a libertad.

Me presta unos besos llenos de juventud y promesas
   y me deja naufragar en su cintura
       mientras cuento los lunares de su espalda.



Mis zapatillas viejas y las suyas enredadas
     y una siesta para no dormir;
  para verla ser, para oirla respirar.
          Una siesta para volver a ella,
  para volver a casa.

viernes, 25 de abril de 2014

Te espero

Le dije que la iba a esperar. Que no me importaba cuánto, siempre se lo dije.
Cuando me dijo que era hasta ahi donde llegaba sin caerse, no hubo más piso, ni hubo techo, ni hubo un cielo. No hubo nada, sólo ella llorando, y yo llorando, y el mundo que se había apagado de golpe.
Después de un rato abrazadas nos sacudimos los escombros y decidimos seguir otra vez, decidimos limpiarnos la sangre de las rodillas y pararnos nuevamente. Juntas. Yo con ella, ella conmigo.
Le dije que la iba a eperar y lo repetí, y lo repito, y lo repetiré. ¿Cómo no hacerlo? Si es ella quien me mostró que yo también podía ser amada, y me enseñó que yo también podía amar.
Si fue ella quien me mostró que podía sentir tanto hasta llevarme al punto de creer que estallaría de tanto amor.
Si es ella la que me sigue dando fuerzas -ahora a la distancia- para salir a pelearla en una ciudad ajena.
Es ella la que me da paz en medio de toda esta turbulencia.
Es por ella que sigo esperándola, es por lo que soy con ella. Es por las dos.
Y como dijimos, preciosa. "Como Julieta y Julieta... pero con final feliz"
Te amo. No importa cuánto pase, no importa a quién le moleste. Es así. Y somos juntas.
Me quedo a tu lado mientras me dejes darte la mano.

lunes, 14 de abril de 2014

Un favor

¿Te puedo pedir un favor? Se que estás leyedo... puede que te cueste pero intentalo al menos... por unos segundos mirate con mis ojos... quiero que te veas asi de gigante como yo sé que sos (porque lo sos pero a veces les crees a los que te dijeron lo contrario) quiero que te veas así de enorme y de hermosa y de perfecta. Quiero que notes por un momento lo enorme de tu alma, esa que se te escapa por los porors y en las sonrisas; esa que de vez en cuando intenta salirse por tus ojos y camina por la cornisa de tus pestañas en un vil intento de morir.
Mirate con mis ojos. ¿Te ves? ¿Te ves así de perfecta como sos? Espero que lo logres, desde lo más profundo de mi ser espero que lo logres, que comprendas que no exagero cuando te digo que sos la que me rescata y la que me empuja a seguir caminando. Sos vos la que se adentra en mis rincones, hacia lugares de mí misma que no conocés, sos vos la que se arriesga a perderse en el enredo que  es mi alma y es a vos a la que no le importa el desorden que encuentra, el destrozo que encuentra ni los restos de las pisadas de otras personas que no supieron caminar por allí sin pisotear y romper, que no supieron hacer como vos y entrar tranquila, despacio.
Quiero que te veas como la caballera que sos, como la que me cuida cuando tengo miedo de salir, como la que se despierta a la madrugada a taparme medio dormida aún sabiendo que en minutos la frazada volverá al suelo.
Quiero que te veas así de luminosa como sos cuando te reís, cuando sonreís y cuando me mirás y me ves, porque vos aprendiste a verme.
Quiero que te veas como yo te veo cuando abrazadas nos ponemos a planificar fines de semanas, y a armar una familia imaginaria y un jardín lleno de flores y un mundo nuestro por fin. Quiero que logres ver como te brillan los ojos cuando hablás de lo que querés, de lo que deseás, como se te escapa la risa entre las palabras casi cantadas cuando me contás algo con lo que soñás y cómo movés los dedos en el aire intentando materializar todo eso que me decís.

¿Te puedo pedir un favor? No le creas. Jamás le creas a nadie que te diga que no podés, que no sos lo suficientemente fuerte, o lo suficientemente "grande". Creele a eso que veas cuando te mires con mis ojos y por fin te veas. Exactamente como me pasó a mi en la madrugada del 14 de febrero del año pasado; hace exactamente un año y dos meses, mientras te acompañaba a tomar un colectivo que iba a separarte de mi indefinidamente, y ahi te vi, y supe por fin que quería tenerte siempre conmigo, y que no quería volver a tener que verte partir sin saber cuándo regresaría a tener tu perfume.

Mirate con mis ojos un momento, por ahí así podés ver tu magia.

Te amo.